Economía - Política: Neoliberalismo y globalización

Capitalismo. El capitalismo, al igual que el mercado competitivo sobre el que se basa, no ha existido siempre. Su origen hay que remontarlo a la Europa del siglo XV y su imposición siempre encontró resistencias sociales. Los Estados nacionales, el modelo capitalista y la manera de pensar que llamamos modernidad definieron una manera de organización que necesitaba grandes grupos de población malviviendo para que unas minorías gozaran privilegiadamente de la vida social.

Detrás del modo de vida capitalista siempre habrá un pequeño grupo de hombres y mujeres acumulando riquezas materiales; más acá, el aprovechamiento del trabajo de una gran mayoría explotada. Sin el uso de la fuerza, el capitalismo nunca se hubiera hecho hegemónico.

La democracia representativa ha funcionado en muchas ocasiones como un espejismo tras el que se esconde la profunda ausencia de democracia social. El creciente aumento de la abstención va señalando el agotamiento de ese modelo. Si bien es cierto que los Parlamentos nacen revolucionariamente, su desarrollo posterior los transforma en sustitutos de la democracia. La parlamentarización de los conflictos sociales a comienzos del siglo XX se fue transformando en un «Vota y no te metas en política», cuya conclusión es la sensación enorme de lejanía de la población respecto de los Parlamentos y, aún más, de los partidos políticos que los integran. De ser lugar de «parlamento» y discusión, las Asambleas pasaron a ser lugares de asentimiento, voceros del «pensamiento único» y alternativas sólo como lo son entre sí las bebidas de cola. 13 Hoy, tras siglos de dominación, la lógica del capital ha penetrado todos los rincones de la vida social del mundo. Pero no debe olvidarse que no siempre fue así. La dependencia económica y el uso de la fuerza para conseguir obediencia hacen que el capitalismo se reproduzca a diferencia de los anteriores modos de producción.

La historia del capitalismo no puede entenderse sin ponerla al lado de la historia de la esclavitud, las guerras imperialistas, la represión obrera, la prohibición de los partidos y los sindicatos, el deterioro de la naturaleza y la manipulación constante de las conciencias. Cuando la presión obrera fue muy fuerte, el capitalismo respondió brevemente con el Estado del bienestar y el incremento de la propaganda. Cuando cesó la presión, comenzó a desmantelarse el Estado social pero se mantuvo e intensificó la propaganda.
No es posible olvidar que allí donde hay capitalismo, hay seres humanos que no reciben sino una parte mermada del fruto de su trabajo, del mismo modo que hay otros, siempre una minoría, que se benefician del esfuerzo de los que trabajan para ellos. El capitalismo es un sistema económico que se define principalmente por tres rasgos:
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    1) Todo puede adoptar la forma de mercancía (incluidos los seres humanos, la naturaleza, lo que aún no existe o los sentimientos).
    2) Los precios de los bienes se definen en un mercado guiado exclusivamente por la ganancia y articulado jerárquicamente para garantizar la creación de valor. Esto es válido para cualquier
    mercancía, pues el capitalismo no diferencia entre bienes públicos y privados, entre personas y caraotas, entre recursos materiales y vidas humanas.
    3) Los principales medios de producción están en manos privadas y al servicio del beneficio inmediato de sus dueños, apoyados por la estructura del Estado.

    «Una empresa capitalista crece y destruye lo que se le resiste. Necesita transformar y asimilar todo lo que encuentra en su camino: tarde o temprano la totalidad de la fuerza disponible entrará a formar parte de su mecanismo. La fábrica somete las fuerzas a su medida, proletarios, representantes, administradores, técnicos: pero ignora a los hombres todo lo posible. Ningún afecto comunicativo liga a aquellos que están presos en sus engranajes: una empresa se mueve por una codicia sin pasión, emplea un trabajo sin entusiasmo, no reconoce más dios que su crecimiento. En las épocas de prosperidad, el trabajo no aprovecha para nada el exceso del beneficio. Pero si el beneficio desciende, el empresario abandona al asalariado: a falta de fines gloriosos –exactamente, a falta de fines humanos- los hombres no pueden reconocerse solidarios, no subsiste entre los hombres más que la codicia por los bienes, que les separa. La caridad sólo es un remedio paródico para esta separación, no es más que una comedia de solidaridad.
    Una sociedad industrial es una muchedumbre compuesta de existencias aisladas. El aspecto mismo de la vida cambia completamente: en vez de ciudades orgullosas, que reflejan el cielo y la tierra en su forma, tenemos ciudades anodinas sepultadas en barrios de una tristeza que parte el corazón. La prosperidad deprimente y la violencia de la pobreza coinciden»14 Por eso el capitalismo siempre se ajusta en busca de esos beneficios que tienen que ser necesariamente crecientes (o se encarecerá el precio final del producto que ofrecen y quedarán fuera de juego). El ajuste, como se ha repetido mil veces, tiene lugar en el eslabón más débil de la cadena, allí donde no se oigan quejas o las mismas puedan ser acalladas: trabajadores desorganizados, mujeres, niños, medio ambiente, otros pueblos con menores capacidad militar o económica de protegerse.

    Y por eso mismo, como han expresado importantes economistas, el capitalismo es un sistema necesariamente miope, atento sólo al corto plazo y a las presiones de los otros capitalistas, organizado jerárquicamente sobre la reproducción de la explotación y sujeto a crisis recurrentes que sólo se solventan lanzando al vacío a un número creciente de seres humanos 15.

    Las condiciones económicas a que obliga el capitalismo traen implicaciones radicales en la condición humana:
    1) El capitalismo promueve el individualismo, es decir, pone el interés individual de unos pocos por encima del bienestar colectivo, al tiempo que condena a amplias masas a sufrir la explotación y les impide desarrollarse como seres humanos plenos.

    2) Exalta el egoísmo, al que pretende transformar en una virtud, y denigra la solidaridad. El capitalista, cuanto más posee más necesita (en tanto que se entiende al capital como relación social referenciada a otros capitales), sin importar que los de al lado no puedan cubrir las necesidades básicas (es el impulso de la llamada reproducción ampliada del capital, verdadero motor del sistema).

    3) Conduce irremediablemente a la destrucción de la naturaleza, producto de la vorágine de su ambición desmedida, y la guerra es su horizonte necesario por su necesidad estructural de crecimiento.

    Globalización y Neoliberalismo
    «El único camino histórico por el cual pueden destruirse y transformarse las contradicciones de una forma histórica de producción es el desarrollo de esas mismas contradicciones» Carlos Marx, El capital.

    En los años 70 el capitalismo entró en una de sus regulares crisis. En esta ocasión, la crisis estaba relacionada con una pluralidad de factores: el agotamiento del modelo económico (aún no había llegado la innovación informática, mientras el sector automovilístico y petroquímico mostraban señales de agotamiento); la subida de los precios del petróleo motivada por la guerra del Yon Kipur y la nueva estrategia de la OPEP, la guerra de Vietnam (gasto militar exorbitado para los Estados Unidos), la crisis del modelo monetario de Bretton Woods que había fijado las monedas a un dólar con precio estable, así como fuertes presiones populares exigiendo subidas salariales, cogestión obrera y el fin del imperialismo.

    Pertenece al corazón del pensamiento marxiano el entender que las crisis del capitalismo son estructurales y no movimientos pasajeros o pendulares. Al expandirse destruyendo, regularmente sufre problemas de ajuste que van estrechando crecientemente su capacidad de respuesta. No puede afirmarse, como se ha hecho históricamente con error, que la próxima crisis del capitalismo será la definitiva (en los años ochenta, en una de esas supuestas crisis determinantes, fue la URSS la que desapareció de escena), pero sí puede defenderse que los espacios de reproducción de la tasa de ganancia es exponencialmente menor que hace medio siglo (baste pensar en la crisis ecológica). El análisis marxista no se deja poner al servicio de falsos optimismos.

    A pesar de esta certeza (que no existe salida a la crisis del capitalismo dentro del propio capitalismo), el modelo hegemónico mutó y, siguiendo la lógica de empeoramiento, la conclusión fue la crisis del modelo intervencionista del Estado (conocido como keynesianismo) y su sustitución por el modelo neoliberal, orientado por la teoría económica monetarista atenta exclusivamente a la inflación y desatenta del crecimiento y el empleo.

    No es extraño que el capitalismo lograra articular puntos de encuentro con militares reaccionarios, los cuales, tras realizar sangrientos golpes de Estado, entregaron los ministerios económicos a «expertos» formados en la Escuela de Chicago. El neoliberalismo tuvo su bautizo real en el Chile de Pinochet de la mano de Milton Friedman y la Escuela de Chicago. El camino abierto por Chile fue continuado por la Junta Militar argentina, aunque también siguieron esa senda políticos de la socialdemocracia o la democracia-cristiana venezolana, colombiana, brasileña, peruana, ecuatoriana, etc. Tras un cuarto de siglo, el ciclo, de alguna forma, se empezó a cerrar con un conjunto de cambios: la derrota del puntofijismo en Venezuela; la derrota de Ménem, responsable del saqueo de Argentina, frente al también peronista Kirchner; el triunfo de Lula frente a Fernando Henrique Cardoso; o la victoria triunfal de Evo Morales frente a Jorge Quiroga, curiosamente todos candidatos denostados (unos) o apoyados (otros) por los Estados Unidos.

    La globalización neoliberal es un proceso que lleva a que los flujos sociales económicos, políticos, jurídicos y culturales, que antes tenían lugar dentro de los Estados nacionales, ahora se trasladen más allá de las fronteras.

    Si bien es cierto que el desarrollo tecnológico permite la globalización, ésta no se hubiera desplegado de no ser necesaria para recuperar la tasa de ganancia del capital y, en consonancia con esto, no hubiera existido una voluntad política de impulsarla. Por último, no debe olvidarse que se trata de un proceso que tiene lugar bajo la hegemonía norteamericana. Todos estas razones son las que explican que detrás de este proceso existan globalizadores y globalizados.16
    Se plantea entonces, la «competencia mundializada» de los productores, en la que aquellos países que poseen un desarrollo altamente tecnificado y una amplia capacidad productiva en la relación internacional, van a tener una situación favorable, pues podrán gracias a su gran capacidad invadir cualquier mercado. Si esto no bastara, los Estados de sus casas matrices siguen teniendo recursos para presionar (baste recordar las movilizaciones gubernamentales a raíz del cumplimiento electoral del Presidente Evo Morales de nacionalización de los hidrocarburos). Mientras, los empresarios menores quedarán en una posición de minoría, la cual los impulsará a integrarse a ese gran mercado homogeneizado por los grandes productores internacionales, es decir, por las grandes potencias.

    En consecuencia, los países del mal llamado Tercer Mundo, con un sector productivo poco competitivo, quedan a merced de las grandes trasnacionales que invaden el mercado nacional con «productos baratos». Irremediablemente, los sectores productivos nacionales se ven forzados a cerrar operaciones, con la subsecuente pérdida de soberanía nacional.

    Como resultado de todo esto, se sentaron las bases del actual paisaje: los capitales internacionales dominaron las políticas monetarias nacionales; la presión de la ganancia empujó los salarios a la baja y las jornadas laborales a la alta; el Estado vendió su patrimonio en condiciones muy ventajosas a particulares; se desmantelaron las garantías laborales; y se propugnó una apertura de fronteras (el modelo de los TLC) que dejaba vía libre a los países poderosos y condenaba a los países económicamente débiles a ser piezas subordinadas a las estrategias de los países impulsores del neoliberalismo.
    Pero como en cualquier otro momento de la historia de la humanidad, la sociedad construye anticuerpos contra las amenazas. Los estragos del neoliberalismo permitieron, poco a poco, superar la parálisis que afectaba al pensamiento y la práctica alternativos tras la proclama del fin de la historia y las ideologías. En esta ocasión la respuesta vino del Sur.

    Países como Venezuela, Brasil y Uruguay votaron a fuerzas de izquierda. Europa se movilizó contra la guerra imperialista de Iraq. El Foro Social Mundial reunió al pensamiento crítico y a los movimientos sociales alternativos de cinco continentes. No existía un modelo alternativo claro, pero existía un catálogo nítido de lo que no podía aceptarse. Como quiera que el socialismo del siglo XX no fuera un modelo aceptable, se empezó a pensar un socialismo que fuera válido para el siglo XXI.

    El neoliberalismo, como hoy ya es evidente, es la utopía del capitalismo dejado a su libre articulación17. En ese sueño de los capitales transnacionales se crea un mercado mundial, no obligado por ningún principio de responsabilidad social, que devuelve al Estado esa condición de consejo de administración de los intereses conjuntos de la burguesía. Pero el sueño neoliberal, cuando acontece, es la pesadilla de los pueblos. 18

    Para comprender los postulados del neoliberalismo, recordemos algunas de las principales políticas que acompañan a esta ideología:
    1) Poca o ninguna intervención del Estado desde una perspectiva social. Es decir, libertad absoluta de mercados bajo la metafísica economicista del equilibrio general autorregulado. El Estado no regula precios ni comercio ni realiza control de cambios, etc. Por el contrario, interviene en virtud del grupo que controle el Estado en ese momento (así, para defender los intereses de los capitales transnacionales en el exterior, para promover proteccionismo, para fomentar al sector energético, para apoyar al sector militar-industrial, para subvencionar a la agroindustria, etc.)

    2) Mínima inversión social del Estado en salud, educación, deporte, cultura, etc. Es decir, el Estado no invierte en escuelas, hospitales, canchas para el deporte, casas de la cultura, misiones sociales, etc., mercantilizando estos sectores.

    3) Devastación del medio ambiente. Abandono de criterios de sustentabilidad ecológica a favor de criterios de rentabilidad. Sin importar el destino de las generaciones futuras, se prioriza la propiedad privada ligada a la extracción de riquezas del subsuelo, la desertización producto de la agroindustria y la minería o el calentamiento del planeta a través de la emisión de dióxido de carbono.

    4) Privatización y/o liquidación de los servicios y/o monopolios estatales. Es decir, en el caso de Venezuela, eso significaría privatizar PDVSA, las empresas básicas, los hospitales, las escuelas, las carreteras, las empresas de electricidad, el suministro de agua, etc.

    5) Congelación de salarios (incluido el salario mínimo) en busca de una competitividad internacional. Es decir, aceptación de la maquila y la explotación desmedida del hombre por el hombre. En consonancia con esto, deslocalización industrial a la búsqueda del ahorro en costes salariales.

    6) Aumento de los impuestos indirectos, principalmente sobre el consumo (IVA) y disminución de los directos sobre los ingresos altos. Es consecuencia, encarecimiento de alimentos, medicinas y productos básicos (precisamente los que consumen millones de ciudadanas y ciudadanos).

    7) Promoción del comercio orientado hacia las exportaciones (Se produce para competir en el mercado global). Es decir, dependencia del exterior (economía de puerto) y abandono de la producción orientada a la satisfacción de las necesidades nacionales.

    8) Promoción de políticas fiscales atractivas para el capital financiero internacional especulativo. Es decir, ningún impuesto o impuestos muy bajos para las trasnacionales, junto a ayudas y concesiones para atraer inversiones extranjeras.

    9) Intervención sobre las variables macroeconómicas desde el lado exclusivo de la oferta para evitar déficit presupuestario y comercial. Esto es, altas reservas internacionales colocadas en los bancos del norte, altas tasas de interés, bajos sueldos para disminuir la inflación, etc.

    10) Descalificación del Estado social. Es decir, atribución al Estado de toda la responsabilidad frente a los fenómenos de corrupción e ineficiencia. Apología sobre la transparencia y eficiencia del mercado. Por el contrario, refuerzo de las tareas represivas y militaristas del Estado.

    11) Manipulación y alienación de la población a través de los medios de comunicación. Construcción de un imaginario popular en donde el mercado y el neoliberalismo reciben un tratamiento acrítico, al tiempo que se descalifican las protestas asociándolas a formas más o menos suaves de terrorismo. El concepto de gobernabilidad (donde la responsabilidad es de los que protestan) se usa para evitar el uso del concepto de legitimidad (donde los cuestionados son los gobiernos).

    12) Liquidación de todo pensamiento alternativo y toda forma de pensamiento liberador y revolucionario. Paradójicamente, ocultación de la información bajo montañas de información. Descalificación de las propuestas de un mundo mejor (como utópicas, desfasadas, anacrónicas, arcaicas).

    13) Fragmentación. Es decir, negación a los pobres y los excluidos de la posibilidad de organización para superar su situación. Cooptación de los sindicatos cartelizados (que cumplen con las reglas de juego) y descalificación de los sindicatos críticos acusándolos de enemigos del desarrollo y la competitividad. 14) Siembra de un sentimiento de derrotismo entre los grupos de
    izquierda y la población en general. En otras palabras, proclamación del fin de las ideologías y ensalzamiento del pensamiento único (pragmatismo neoliberal). Auge de las ideologías centristas, caracterizadas por su renuncia al conflicto (cuanto menor es la reivindicación y la difuminación de los conflictos, mayor es la condición de centrista de quien opera de esa manera).

    15) Construcción de paraísos artificiales y promoción del consumo directo y virtual. A través de la televisión o internet –entre los principales medios de comunicación- se crean falsas necesidades que requieren ser subsanadas por medio de compras compulsivas a satisfacer en grandes centros comerciales o por medio de compras electrónicas.

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Las Empresas Producción Social en la crisis del capitalismo

Las Empresas de Producción Social son una apuesta que nace en la Venezuela bolivariana y revolucionaria para impulsar el rumbo al socialismo del siglo XXI. Surgen en un momento de transición, donde la defensa de modelos cerrados pertenece al pasado, donde se sabe bien lo que no se quiere pero no se tiene la certidumbre de lo que se quiere. Por eso hay que ir definiéndolo paso a paso, despacio y, con demasiada frecuencia, a tientas. Por eso se reclama una absoluta determinación acompañada de una no menos absoluta mesura y prudencia.

Tras la crisis del neoliberalismo, la humanidad se debate entre dos escenarios variables y de contornos indefinidos: el del mundo que está pereciendo pero que deja su dilatada sombra sin terminar de extinguirse, y el esperado que, aunque anunciado en los dolores del parto, no termina de alumbrarse.

Es momento de reinventar la cultura, los sistemas normativos, la política y la economía. Es momento de recuperar aquello que fue negado y de ayudar a emerger todo lo que ayude a construir la emancipación. Es hora de romper con el conservador mensaje que recomienda, en tiempo de crisis, no hacer mudanza. Todo lo contrario. Pero por la misma incertidumbre que existe es imprescindible acompañar la puesta en marcha del nuevo modelo con un especial esfuerzo de reflexión teórica, alimentada del fragor y la acción en desarrollo. El verdadero revolucionario, nos cuenta la historia, siempre ha sido cauto. La escasa teorización acerca de aspectos importantes para la emancipación contrasta con las bibliotecas inabarcables que existen sobre aquellos asuntos que interesan a la reproducción del capital. Por eso, la noción del intelectual orgánico en Gramsci posee tanta significación para las trincheras socialistas, al asociarse teoría y práctica. El esfuerzo teórico es la forma que toma la participación antes de poner en marcha su voluntad transformadora. El ciclo «reflexión-acción-reflexión» ha de repetirse hasta que resulte teoría de la práctica emancipatoria y para la práctica emancipatoria.

En este sentido, es justo saber que las EPS no surgen de la nada.
SIGUE LEYENDONOS...

    Tienen detrás un proceso de reflexión y práctica, de éxitos y fracasos, de apuestas políticas y de soluciones económicas. Una revolución que no quiera transformar las bases económicas del sistema capitalista es mero flatus vocis, puro nominalismo, verborrea que pretende ocultar con el significante la falta de significado. Pero no es aquí ese el argumento.

    Los antecedentes de las EPS se ubican en el primer paso dado con el acceso a la dirección del Estado en 1998 10. Posteriormente, conscientes de que con los viejos mimbres no podía trenzarse la transformación, se promulgó la Constitución bolivariana en 1999, seguida a continuación de algunos desarrollos políticos, donde caben destacar: el plan Bolívar 2000; las leyes habilitantes en el 2001; la recaptura de la propiedad de facto de los hidrocarburos; la superación del sabotaje petrolero gracias a los esfuerzos de los comités guía para la recuperación de esa industria; la política de redistribución de la riqueza al servicio de los más humildes por vía de las misiones sociales; la creación de la misión vuelvan caras y posteriormente el Ministerio para la Economía Popular; el impulso a la organización cooperativa; las experiencias de las empresas recuperadas por los trabajadores; el auge de iniciativas cogestionarias en SIDOR y Cadela; la apuesta por un modelo de desarrollo endógeno y el consecuente impulso de los NUDE‘s; el debate sindical y los intentos por su renovación; la reforma agraria y la lucha contra el latifundio; la instalación de un sistema micro crediticio orientado a los pobres; el giro a la izquierda matizado en los objetivos estratégicos de la nueva etapa de la revolución bolivariana en el 2004… Todos estos hitos –sin haber agotado el abanico completo de transformaciones- configuran el mosaico inicial de la siembra socialista que precede a la idea constitutiva de las EPS.

    Sólo con todo ese acompañamiento puede enfrentarse con algo más de firmeza la discusión sobre las Empresas de Producción Social. Y es por esa misma concreción por lo que su discusión no puede quedarse en uno más de esos ejercicios académicos válidos tan sólo para un cielo habitado
    por pensadores alados. Insistimos en que éste es un Documento para la discusión política. Pretende ser un material para continuar el debate sobre el nuevo modelo económico abierto por el Presidente Chávez. Una referencia política sobre problemas económicos que se sitúa en el único trayecto que postula la superación de la barbarie humana y ecológica del capitalismo: el rumbo al socialismo.

    La tarea no es nada sencilla. Pero, como hemos apuntado, Venezuela está en revolución. Tiempo histórico donde todos los anhelos de los seres humanos están un poco más cerca. Vivir en revolución es hacer realidad cada día las convicciones construidas por el pueblo en diálogo permanente, especialmente aquella que se niega a aceptar que un ser humano pueda ser considerado una mercancía. Y que una vez ha llegado a esa convicción, después de haber pasado por la etapa del dolor, la del conocimiento, la de la voluntad, articula la de la potencia y la de la transformación, para que ese mundo que es posible y necesario esté un poco más cerca. 11


    10. Triunfo electoral de Hugo Chávez Frías para la Presidencia.
    11. Las fases de la actividad política podemos condensarlas en la siguiente secuencia: dolersaber- querer-poder-hacer, iniciándose en la consciencia de lo que se vive como oloroso y terminándose con la transformación que acaba con ese dolor. Al final, la elaboración dialéctica del dolor alimenta la transformación, y la transformación traduce el dolor en acción colectiva.


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Socialismo en movimiento. Empresas de Produccion Social

Empresas de Producción Social. Instrumento para el Socialismo del Siglo XXI. Reforma rumbo al Socialismo ---

Las formas de la emancipación siempre han sido distintas, las luchas contra la opresión eternas. Mientras el ser humano conserve su capacidad de pensar luchará contra hombres, naturaleza o dioses que pretendan frenar su libertad. El ser humano, como homo sapiens que perdió los colmillos porque aprendió a hablar, mira el mundo girar y siempre ha sabido que la vida es movimiento. Quienes impulsan las transformaciones son los que «quieren ser», los que elaboran su propio dolor y hacen de él una razón para buscar la justicia y la libertad. Por eso, la peor de las opresiones es la que encarcela el pensamiento. De allí que la mejor de las esperanzas es la que sabe que antes de nosotros fueron millones los que pusieron en la balanza su tiempo, su hacienda, su libertad y su vida para reclamar los rostros de la emancipación.

Decía el ensayista francés André Maurois que «En los inicios de un amor los amantes hablan del futuro, y en sus postrimerías, del pasado». Cuando empieza una nueva aventura, soñar es, a todas luces, un requisito. Pero para que el sueño habite el mundo real, para que no se pueble de fantasmas y fantasías, conviene concretar la ruta. Para ello es necesario, como primer paso, reconstruir el mapa que nos llevará a buen puerto. De ahí la obligación de reclamar al pasado toda la información sobre el camino por el que se ha viajado. Si no se sabe el rumbo, correr puede ser la peor de las estrategias. Paso a paso puede asaltarse el cielo y dicha cautela viene acompañada de una gran ventaja: se evita el riesgo de salir volando. Como supieron los griegos clásicos, el ser humano es «la especie de la hybris (la desmesura)». De la reflexión ecológica hemos aprendido la moderación y la austeridad. Recuperamos así las palabras escritas en el oráculo de Delfos, «De nada en demasía», como llave maestra para conducirnos hacia el futuro. Determinación y prudencia son, como paradógica compañía, los báculos con los que nos adentramos en el nuevo siglo.

Este texto que aquí presentamos al debate versa sobre el porvenir, un algo que está llegando de ese lugar incierto que es el futuro, y que se asoma desde una distancia tal que no permite ver bien los contornos. Aunque pensamos que al mundo le falta mucha magia, para el análisis social preferimos recurrir a recursos más materiales. Al igual que los faroles de los que se acompañaban los filósofos antiguos, recurrimos a los orígenes para alumbrar el camino y poder explicar por qué tenemos que reinventar tantas cosas. Del pasado nos interesan las preguntas. El nuevo siglo se encargará de otorgar las nuevas respuestas. Sometemos a su consideración, amable lector, un texto que señala al socialismo del siglo XXI desde una nueva forma de organización económica que apenas empieza a aparecer en el horizonte: las Empresas de Producción Social (EPS).

SIGUE LEYENDO: INTRODUCCION. SOCIALISMO EN MOVIMIENTO. Empresas de Produccion Social (EPS)...
    Estas empresas rumbo al socialismo son un germen de futuro que grita su necesidad por el agotamiento del modelo capitalista. Un modelo que, visto en perspectiva, no desmerece de la brutalidad que generó la Segunda Guerra Mundial, la barbarie nazi, el neocolonialismo o los campos de concentración. Es un sistema destructor que nunca ha recibido tanta atención en su lado oscuro; al que Hollywood no usa como actor malvado a derrotar en un final feliz; del que no se encuentran tesis, novelas y libros en tanta abundancia como las que van en dirección contraria. Mas no cabe engaño.
    Como escribió Eduardo Galeano, el hambre es un genocidio silencioso. Pero no por silencioso es menos genocida 1.

    A mediados de los años setenta, un mundo empezó a marcharse. La crisis del modelo de bienestar occidental, marcada por la crisis del petróleo de 1973, dejó clara una de las leyes incuestionables del capitalismo: los límites de su compromiso social son los límites que marque la reproducción de la ganancia. Cuando el beneficio de los grandes capitales se resiente, las prioridades cambian de signo y todos los esfuerzos se dedican a garantizar el beneficio insaciable que anida en la esencia del sistema capitalista.
    A grandes necesidades, grandes remedios. La urgencia del gran capital, su imperativo de reproducir sus beneficios, sólo podía ser cubierto por el sacrificio de grandes cantidades de población. La precarización de continentes enteros formaba parte del precio.2 De la reacción popular se encargaría un Estado que reforzaría sus elementos represivos, allí donde no fuera suficiente un discurso mil veces repetido que se justificaba como «la única política posible». Empezaba el neoliberalismo y su escudero: el pensamiento único.

    El sistema se quitó la careta afable de la llamada economía de mercado y puso ante los ojos del mundo esa mezcla de horror que se construye cuando se junta un capitalismo dejado a su libre albedrío, un aparato del Estado al servicio de intereses de las transnacionales y una manera de pensar, la Modernidad, productivista, machista, eurocéntrica, lineal, que condena a vivir en un presente eterno que niega el pasado y limita el futuro a una repetición falsa del modelo occidental.
    Durante casi tres décadas el pensamiento transformador ha estado a la defensiva. El keynesianismo, es decir, el principio económico que había servido para contrarrestar los ciclos de subida y bajada del capitalismo gracias a la intervención del Estado, quebró en los años setenta, cuando se acumularon subidas de precios (inflación) y altas tasas de desempleo. Las facultades de economía del mundo enterraron al Estado social y gritaron -como ya lo habían hecho antes de las grandes guerras- vivas a la supuesta capacidad del mercado para autorregularse.

    Los modelos alternativos al capitalismo, especialmente en el Este de Europa, mostraron en los años 80 señales claras de agotamiento. Por si no bastaran los errores propios, la dureza de la iniciativa neoliberal (que no ha dudado en ningún caso en recurrir a la fuerza), las dictaduras y la agresión frenaron las alternativas y descalificaron cualquier intento de superación del capitalismo. El hundimiento de la Unión Soviética terminó por desalentar las ideologías emancipadoras. América Latina sucumbía ante una forma de entender la economía que se presentaba como un «Consenso» (de Washington). Los socialismos europeos, que ya habían renunciado a superar el capitalismo, ahora lo ensalzaban. Las llamadas terceras vías fueron fórmulas para esconder el hecho de que la socialdemocracia abrazaba, junto al liberalismo político, el liberalismo económico. Pura confusión ideológica al servicio de claros intereses económicos.

    Cuando la reflexión dejó de brindar insumos para la acción, fue la práctica la que se puso en marcha. Los pueblos rara vez esperan a los teóricos para defender la satisfacción de sus necesidades. El Sur comenzó a andar.
    Venezuela tiene el orgullo y la tristeza de haber protagonizado la primera respuesta popular espontánea contra el neoliberalismo. La historia la recuerda como el Caracazo. El año 1989 -paradójicamente el mismo año del derribo del muro de Berlín- marcó una senda que después caminarían otros países del continente. Sólo ese largo camino, que mostraría su enseñanza definitiva al mundo en el rescate de la democracia y la Constitución el 14 de abril de 2002, es el que permite que hoy la República Bolivariana de Venezuela esté en disposición de enfrentar uno de los retos más relevantes del siglo que comienza: ¿Cómo construir la economía del socialismo del siglo XXI?

    Decía el sociólogo Jesús Ibáñez, muy lejos de la ortodoxia oficial, que «cuando algo es necesario e imposible, hay que buscar nuevas dimensiones»3.
    Proyección del «inventamos o erramos» robinsoniano tan luminoso todavía. En consecuencia, el desafío precisa mirar en sitios donde no se ha reparado. Tres décadas de oscurantismo ideológico se encargaron de ocultar los esfuerzos concretos por la emancipación escondiéndolos de la historia, de la misma manera que silenciaron las nuevas formas de quienes querían intentar modelos diferentes. Como plantea Boaventura de Sousa Santos, es imprescindible inventar, después de tanto ocultamiento y tantos velos, una sociología de las ausencias y una sociología de las emergencias que ilumine el camino.4 Dentro de esos nuevos caminos aparece una economía basada en la producción y no en formas rentistas. Sólo una lectura simplista de la República Bolivariana de Venezuela la presenta como un país cuya economía depende exclusivamente de la renta petrolera. La rearticulación del socialismo no puede pensarse sin la referencia a los demás sectores productivos del país.

    La condición perezosa de la herencia petrolera sólo puede superarse desde otros espacios. El socialismo tiene que ser pensado inicialmente -aunque no solo- desde las relaciones de trabajo, pues son éstas las que crean valor, las que generan explotación, las que marcan principalmente la vida de las personas abocadas, necesariamente, a vender su mano de obra. El trabajo, cuando se libera de la explotación, es elemento esencial de la dignidad humana. Pero todavía vivimos en el capitalismo. Por ello, tenemos que entender que el trabajo asalariado, aúnque no agota todas las esferas de la vida humana (como bien sabe el feminismo, el ecologismo, el multiculturalismo), sigue siendo esencialmente la categoría política más relevante.

    No es en la existencia de riquezas, sino en su creación e intercambio donde tiene lugar realmente la relación entre capital y trabajo con la que se enfrenta el ideario socialista. No olvidemos que el sistema capitalista se basa en la existencia de seres humanos que trabajan para otros seres humanos y a los que se les sustrae, como beneficio, una parte relevante del fruto de su trabajo.
    Además de que el intercambio social dejaría de estar basado de simples productos para pasar a ser un compartir actividades. En otras palabras, la articulación social dejaría de estar mediada por la búsqueda de un salario para comprar mercancías, a estar articulada por las necesidades sociales e individuales definidas por la comunidad en un diálogo libre y abierto.5 Aún más, y en el convencimiento central de que el socialismo en un solo país es imposible, la idea de socialismo que puede extenderse por todo el continente tiene, necesariamente, que pensarse en aquellos sectores económicos donde el final de la explotación tenga sentido y pueda plantearse como una alternativa política. Para que ese mensaje sea continental, por tanto, es necesario dirigirlo a (1) el uso compartido de los recursos, yendo más allá de las limitaciones de los Estados nacionales; (2) la superación del modelo de sujeción del trabajo bajo la dominación de los dueños de medios de producción (3) a estructuras económicas que se comparten y complementen (por tanto, que no dependen de las riquezas naturales).

    Como quiera que el uso compartido de los recursos sea un proyecto a medio plazo6, el socialismo tiene una cita más urgente en los otros dos períodos, que concentran de manera más directa las preguntas y las respuestas en los ámbitos de la producción y el intercambio. En otros términos, al tiempo que los recursos energéticos e hidrológicos buscan la integración territorial, el socialismo debe interrogarse acerca del mundo del trabajo capitalista y su superación.

    Esto no nos lleva a pensar que para entender el socialismo basten las categorías de los siglos pasados, o que ignoremos que existe dominación en otros espacios más allá de los de la fábrica. Como bien explicó Marx, el capitalismo controla todos los aspectos vitales de la reproducción social, todos aquellos espacios en donde se recrea el sistema (o puede ponerse en peligro). Ahora bien, su dominación no se limita a la esfera de lo económico.

    En el feudalismo la dominación era principalmente política, es decir, la extracción de parte de la producción del trabajador se hacía por medio de un contrato de feudovasallaje donde, a cambio del producto, el señor otorgaba protección. Por su parte, en el capitalismo industrial la dominación se hizo económica, oculta tras el intercambio del trabajo por un salario. Tras la supuesta libertad del trabajador, se escondía una sujeción y una extracción económica oculta por el «libre acuerdo» entre quien buscaba trabajo y quien lo ofrecía. En el llamado capitalismo de consumo, matizado posteriormente como capitalismo de ficción (Verdú) o producción inmaterial (Negri y Hardt) ahora la dominación regresa biopolítica, es decir, se interioriza la explotación al hacerse parte de la vida cotidiana.7 Todo lo que acompaña a la mercantilización de la existencia forma parte del espejismo de la misma, construyendo nuevos valores que priman el individualismo y el egoísmo. Al comercializarse el mundo, todo se torna y es aceptado como mercancía, sea el ocio, el trabajo, la vivienda, la amistad, el sexo, la educación o la salud. Cuando un niño de la calle, cuya esperanza de vida no llega a la adolescencia, asalta a otro niño para quitarle unos zapatos deportivos «de marca», esa ficción toma cuerpo dramático8.

    Quizás el aspecto más terrible del capitalismo actual es que se ha metido en los tuétanos de la sociedad. El capitalismo transcurre con la vida, transforma a las víctimas en sus propios verdugos en nombre de un consumismo irrefrenable. La mejor tarjeta de presentación del capitalismo es esa que dice que los que viven bien seguirán haciéndolo y que los que viven mal podrán vivir como los que viven mejor que ellos. Todo ello sin coste social, medioambiental, internacional o intergeneracional. Esto es una gran ficción sobre una promesa que no se puede cumplir físicamente. Su discurso mediático e intelectual ha logrado hacer creer la gran mentira de que hay sitio para todos en el banquete que el capitalismo, en realidad, ha reservado a unos pocos privilegiados. De ahí la urgencia por levantar las faldas al santo que nos coarta para ver si hay debajo de su amenaza algo más que yeso, tablas, clavos y polvo. El socialismo tiene que ser, necesariamente, el aguafiestas de la orgía capitalista. Se trata de cambiar esa orgía con verdugos
    y víctimas por una fiesta donde quepan todos.

    Tras el llamamiento público que hiciera el presidente Hugo Chávez para promover la constitución de Empresas de Producción Social (EPS), se ha iniciado un intenso despliegue por constituir esta modalidad empresarial que concentra uno de los principales retos del nuevo modelo económico y social.
    Las EPS son empresas de nuevo tipo que sueñan teniendo los pies en la tierra. Nacen inspiradas en el fértil horizonte que se pone en perspectiva en la Venezuela revolucionaria (estar en revolución significa también poder experimentar en busca de nuevos lugares donde suceda la emancipación). Las EPS son empresas que nacen en los linderos del rumbo al socialismo del siglo XXI y tienen como objetivo correcto superar, paso a paso, el capitalismo.

    Los autores hemos acompañado y seguido de cerca experiencias que se han venido ensamblando al calor del trabajo iniciado por las primeras EPS del Ministerio de Industrias Básicas y Minería –MIBAM- (tanto las vinculadas a la naciente Compañía Nacional de Industrias Básicas –CONIBA, como las tuteladas por las empresas básicas adscritas a la Corporación Venezolana de Guayana –CVG-).9
    Otras experiencias de generación de EPS se exploraron bajo el cobijo de distintas Instituciones del Estado, como los Ministerios de Energía y Petróleo, de Economía Popular y de Industrias Ligeras y Comercio. En todas ellas se registraron rasgos y situaciones particulares que permiten a priori derivar un cuerpo inicial de conclusiones sobre los alcances, limitaciones e implicaciones de esta iniciativa:
    • No existe claridad meridiana en el concepto de EPS y todavía prevalece un importante estado de indefiniciones. Son diversas y variadas las interpretaciones dadas a su definición, tanto entre los promotores gubernamentales como en los propios integrantes de las primeras empresas.

    • El modelo EPS no es inflexible. Variará de acuerdo a las especificidades de cada caso, si bien siempre su condición esencial es la participación.

    • Al igual que lo acontecido con las misiones bolivarianas, la dinámica de las EPS necesariamente tendrá que ir acotando su campo de acción y sus ámbitos integrantes a medida que éstas vayan
    desplegando su faena productiva.

    • La iniciativa es recibida con gran entusiasmo entre quienes manifiestan disposición en conformar EPS. Sin embargo, la falta de una metodología clara que precise su proceso constitutivo y las formas de articulación con sus entes tutelares, son terreno prolífico para que aparezcan distorsiones. Una de ellas, repetida con frecuencia, consiste en emplear a las pequeñas EPS como instrumento para la flexibilización y precarización laboral a través de la externalización de la producción. Estas EPS -que no tienen posibilidades de encontrar otros proveedores o compradores-, deben someterse a las reglas del juego que le fija la empresa madre, repitiéndose errores que ya se cometieron en el capitalismo de Estado de corte soviético.

    • Como primera conclusión, puede afirmarse que si las EPS no se articulan como procesos deliberativos organizados por los trabajadores, en constante interacción con la comunidad organizada, nunca podrán generar los incentivos necesarios para poder ser una respuesta económica factible en la construcción del socialismo.

    A lo largo de este trabajo se revisarán los puntos de interés emanados del diagnóstico elaborado. Un claro enunciado orienta desde un principio estas reflexiones: es necesario afinar el concepto de EPS. Su definición debe tomar en cuenta todas sus implicaciones y derivaciones, al tiempo que se precisa producir una amplia difusión del modelo consensuado.
    Como hemos señalado, nuestro punto de partida fue la lectura de las diversas conceptualizaciones que se han ido produciendo sobre el tema. Ahora bien, a lo largo de estas notas veremos cómo el concepto EPS no puede ser visto como un artilugio acabado, sino como un sistema en movimiento. Como ocurre con la luz, no puede reducirse a una onda o a una partícula, pues es al mismo tiempo materia y movimiento, energía y masa. Es el ojo humano quien la detiene, a riesgo de, una vez definida, robarle complejidad y someterla a un modelo que sólo vale, como dijo Marx, para la roedora crítica de los ratones.

    El siglo XXI se ha iniciado con la complejidad. El «pienso luego existo» cartesiano (que reafirma la individualidad: yo pienso, yo existo) debe ponerse sobre los pies y trasformarse en «existo luego pienso» (que refuerza al animal social que somos: existo con los demás, pienso con los demás), de manera que sea el pensamiento el que esté al servicio de la vida.

    De acuerdo con la experiencia práctica desarrollada hasta ahora, es posible aproximar los rasgos distintivos que debe tener una EPS, su naturaleza social y económica, los tipos que pueden existir, las formas y modalidades que le dan origen, los tamaños que pueden poseer, su diferenciación con otras formas asociativas y productivas, el papel que juegan en la edificación
    del ALBA, su relación con el Estado y con las empresas capitalistas. Del mismo modo puede también determinarse los asuntos que quedan pendientes, entre otros temas de interés, de necesaria clarificación de cara a su comprensión y desarrollo integral.

    Este estudio pretende abrir el debate sobre cada uno de estos aspectos centrales de las EPS. Esperamos que despierte el interés deseado al tiempo que invocamos la vena crítica del lector en aras de contribuir a la superación de los esquemas capitalistas, las jerarquías autoritarias y toda forma de dominación que frene la autodeterminación popular y todas sus potencialidades. Los avestruces aprendieron de los humanos a esconder la cabeza debajo del ala, esperando, vanamente, que los problemas se solventes por sí mismos. Anticipar problemas y proponer soluciones es la manera revolucionaria de ser de quienes trabajan en los recintos de la reflexión por una sociedad emancipada. Pero primero hay que construir todo aquello que impide el pensamiento claro. No es tiempo sólo de «solucionar problemas» sino también de «problematizar soluciones». He aquí, pues, nuestra humilde propuesta.

    Haiman El Troudi
    Juan Carlos Monedero

    Centro Internacional Miranda
    Citas:
    1 Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina, México, Siglo XXI, 1971.
    2 Joseph E. Stiglitz: El malestar en la globalización, Madrid, Taurus, 2002; Joseph E. Stiglitz, Los felices 90, Madrid, Taurus, 2003.
    3 Jesús Ibañez, «Introducción», en J. Ibañez (Coord.), Nuevos avances en la investigación social 1, Madrid, Proyecto A ediciones, 1988, p.12.
    4 Boaventura de Sousa Santos, «Hacia una sociología de las ausencias y una sociología de las emergencias», en Boaventura de Sousa Santos, El milenio huérfano. Ensayos para una nueva cultura política, Madrid, Trotta, 2005.
    5 Se recupera aquí el principio genuino del intercambio comunal que apuntó Marx en los Grundrisse de 1857 (Líneas fundamentales), donde se establece que, frente al intercambio de valores de cambio, es requisito articular el intercambio de actividades marcadas por las necesidades comunales.Véase Itsván Mészáros, Más allá del capital, Caracas, Vadell Hermanos Editores, 2001, p. 872 y ss.
    6 La propuesta del ALBA traza esta perspectiva estratégica para el caso latinoamericano.
    7 Valga como ejemplo dramático la obligación que tienen los trabajadores de cadenas de comida rápida (fast food), tales como McDonald, de sonreír a los clientes, tal y como consta en las reglas laborales que entregan a los empleados. Al final, hasta la propia alegría se convierte en un recurso del capital.
    8 Jesús Ibáñez, Por una sociología de la vida cotidiana, Madrid, Siglo XXI, 1993; Vicente Verdú, El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción, Barcelona, Anagrama, 2003. Sobre la base de un concepto de Foucault, Toni Negri y Michael Hardt han regresado a esta idea de biopolítica y biopoder en Multitud, Madrid, Debate, 2005
    9 Para la realización de este trabajo se revisó, inicialmente, la bibliografía disponible sobre EPS, al tiempo que se hacía un censo de las experiencias impulsadas desde diferentes ministerios. Posteriormente se realizó un seminario con los directivos de la Coordinadora Nacional de Industrias Básicas (CONIBA), que sirvió para contrastar puntos de vista y evaluar resultados. Igualmente se realizaron reuniones con voceros y trabajadores de EPS ya constituidas, donde se diseñó un cuestionario que sirvió para valorar su desempeño y el de la administración en relación con las mismas. Posteriormente, se realizó un seminario con otros actores donde se discutió este texto a lo largo de varias sesiones. Por último, se hizo el ejercicio intelectual de poner en relación las EPS con otras propuestas socialistas teóricas y prácticas, aplicando una evaluación muy sujeta al hecho concreto de que las EPS están siendo ya una realidad material en Venezuela.

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