Socialismo en movimiento. Empresas de Produccion Social

Empresas de Producción Social. Instrumento para el Socialismo del Siglo XXI. Reforma rumbo al Socialismo ---

Las formas de la emancipación siempre han sido distintas, las luchas contra la opresión eternas. Mientras el ser humano conserve su capacidad de pensar luchará contra hombres, naturaleza o dioses que pretendan frenar su libertad. El ser humano, como homo sapiens que perdió los colmillos porque aprendió a hablar, mira el mundo girar y siempre ha sabido que la vida es movimiento. Quienes impulsan las transformaciones son los que «quieren ser», los que elaboran su propio dolor y hacen de él una razón para buscar la justicia y la libertad. Por eso, la peor de las opresiones es la que encarcela el pensamiento. De allí que la mejor de las esperanzas es la que sabe que antes de nosotros fueron millones los que pusieron en la balanza su tiempo, su hacienda, su libertad y su vida para reclamar los rostros de la emancipación.

Decía el ensayista francés André Maurois que «En los inicios de un amor los amantes hablan del futuro, y en sus postrimerías, del pasado». Cuando empieza una nueva aventura, soñar es, a todas luces, un requisito. Pero para que el sueño habite el mundo real, para que no se pueble de fantasmas y fantasías, conviene concretar la ruta. Para ello es necesario, como primer paso, reconstruir el mapa que nos llevará a buen puerto. De ahí la obligación de reclamar al pasado toda la información sobre el camino por el que se ha viajado. Si no se sabe el rumbo, correr puede ser la peor de las estrategias. Paso a paso puede asaltarse el cielo y dicha cautela viene acompañada de una gran ventaja: se evita el riesgo de salir volando. Como supieron los griegos clásicos, el ser humano es «la especie de la hybris (la desmesura)». De la reflexión ecológica hemos aprendido la moderación y la austeridad. Recuperamos así las palabras escritas en el oráculo de Delfos, «De nada en demasía», como llave maestra para conducirnos hacia el futuro. Determinación y prudencia son, como paradógica compañía, los báculos con los que nos adentramos en el nuevo siglo.

Este texto que aquí presentamos al debate versa sobre el porvenir, un algo que está llegando de ese lugar incierto que es el futuro, y que se asoma desde una distancia tal que no permite ver bien los contornos. Aunque pensamos que al mundo le falta mucha magia, para el análisis social preferimos recurrir a recursos más materiales. Al igual que los faroles de los que se acompañaban los filósofos antiguos, recurrimos a los orígenes para alumbrar el camino y poder explicar por qué tenemos que reinventar tantas cosas. Del pasado nos interesan las preguntas. El nuevo siglo se encargará de otorgar las nuevas respuestas. Sometemos a su consideración, amable lector, un texto que señala al socialismo del siglo XXI desde una nueva forma de organización económica que apenas empieza a aparecer en el horizonte: las Empresas de Producción Social (EPS).

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    Estas empresas rumbo al socialismo son un germen de futuro que grita su necesidad por el agotamiento del modelo capitalista. Un modelo que, visto en perspectiva, no desmerece de la brutalidad que generó la Segunda Guerra Mundial, la barbarie nazi, el neocolonialismo o los campos de concentración. Es un sistema destructor que nunca ha recibido tanta atención en su lado oscuro; al que Hollywood no usa como actor malvado a derrotar en un final feliz; del que no se encuentran tesis, novelas y libros en tanta abundancia como las que van en dirección contraria. Mas no cabe engaño.
    Como escribió Eduardo Galeano, el hambre es un genocidio silencioso. Pero no por silencioso es menos genocida 1.

    A mediados de los años setenta, un mundo empezó a marcharse. La crisis del modelo de bienestar occidental, marcada por la crisis del petróleo de 1973, dejó clara una de las leyes incuestionables del capitalismo: los límites de su compromiso social son los límites que marque la reproducción de la ganancia. Cuando el beneficio de los grandes capitales se resiente, las prioridades cambian de signo y todos los esfuerzos se dedican a garantizar el beneficio insaciable que anida en la esencia del sistema capitalista.
    A grandes necesidades, grandes remedios. La urgencia del gran capital, su imperativo de reproducir sus beneficios, sólo podía ser cubierto por el sacrificio de grandes cantidades de población. La precarización de continentes enteros formaba parte del precio.2 De la reacción popular se encargaría un Estado que reforzaría sus elementos represivos, allí donde no fuera suficiente un discurso mil veces repetido que se justificaba como «la única política posible». Empezaba el neoliberalismo y su escudero: el pensamiento único.

    El sistema se quitó la careta afable de la llamada economía de mercado y puso ante los ojos del mundo esa mezcla de horror que se construye cuando se junta un capitalismo dejado a su libre albedrío, un aparato del Estado al servicio de intereses de las transnacionales y una manera de pensar, la Modernidad, productivista, machista, eurocéntrica, lineal, que condena a vivir en un presente eterno que niega el pasado y limita el futuro a una repetición falsa del modelo occidental.
    Durante casi tres décadas el pensamiento transformador ha estado a la defensiva. El keynesianismo, es decir, el principio económico que había servido para contrarrestar los ciclos de subida y bajada del capitalismo gracias a la intervención del Estado, quebró en los años setenta, cuando se acumularon subidas de precios (inflación) y altas tasas de desempleo. Las facultades de economía del mundo enterraron al Estado social y gritaron -como ya lo habían hecho antes de las grandes guerras- vivas a la supuesta capacidad del mercado para autorregularse.

    Los modelos alternativos al capitalismo, especialmente en el Este de Europa, mostraron en los años 80 señales claras de agotamiento. Por si no bastaran los errores propios, la dureza de la iniciativa neoliberal (que no ha dudado en ningún caso en recurrir a la fuerza), las dictaduras y la agresión frenaron las alternativas y descalificaron cualquier intento de superación del capitalismo. El hundimiento de la Unión Soviética terminó por desalentar las ideologías emancipadoras. América Latina sucumbía ante una forma de entender la economía que se presentaba como un «Consenso» (de Washington). Los socialismos europeos, que ya habían renunciado a superar el capitalismo, ahora lo ensalzaban. Las llamadas terceras vías fueron fórmulas para esconder el hecho de que la socialdemocracia abrazaba, junto al liberalismo político, el liberalismo económico. Pura confusión ideológica al servicio de claros intereses económicos.

    Cuando la reflexión dejó de brindar insumos para la acción, fue la práctica la que se puso en marcha. Los pueblos rara vez esperan a los teóricos para defender la satisfacción de sus necesidades. El Sur comenzó a andar.
    Venezuela tiene el orgullo y la tristeza de haber protagonizado la primera respuesta popular espontánea contra el neoliberalismo. La historia la recuerda como el Caracazo. El año 1989 -paradójicamente el mismo año del derribo del muro de Berlín- marcó una senda que después caminarían otros países del continente. Sólo ese largo camino, que mostraría su enseñanza definitiva al mundo en el rescate de la democracia y la Constitución el 14 de abril de 2002, es el que permite que hoy la República Bolivariana de Venezuela esté en disposición de enfrentar uno de los retos más relevantes del siglo que comienza: ¿Cómo construir la economía del socialismo del siglo XXI?

    Decía el sociólogo Jesús Ibáñez, muy lejos de la ortodoxia oficial, que «cuando algo es necesario e imposible, hay que buscar nuevas dimensiones»3.
    Proyección del «inventamos o erramos» robinsoniano tan luminoso todavía. En consecuencia, el desafío precisa mirar en sitios donde no se ha reparado. Tres décadas de oscurantismo ideológico se encargaron de ocultar los esfuerzos concretos por la emancipación escondiéndolos de la historia, de la misma manera que silenciaron las nuevas formas de quienes querían intentar modelos diferentes. Como plantea Boaventura de Sousa Santos, es imprescindible inventar, después de tanto ocultamiento y tantos velos, una sociología de las ausencias y una sociología de las emergencias que ilumine el camino.4 Dentro de esos nuevos caminos aparece una economía basada en la producción y no en formas rentistas. Sólo una lectura simplista de la República Bolivariana de Venezuela la presenta como un país cuya economía depende exclusivamente de la renta petrolera. La rearticulación del socialismo no puede pensarse sin la referencia a los demás sectores productivos del país.

    La condición perezosa de la herencia petrolera sólo puede superarse desde otros espacios. El socialismo tiene que ser pensado inicialmente -aunque no solo- desde las relaciones de trabajo, pues son éstas las que crean valor, las que generan explotación, las que marcan principalmente la vida de las personas abocadas, necesariamente, a vender su mano de obra. El trabajo, cuando se libera de la explotación, es elemento esencial de la dignidad humana. Pero todavía vivimos en el capitalismo. Por ello, tenemos que entender que el trabajo asalariado, aúnque no agota todas las esferas de la vida humana (como bien sabe el feminismo, el ecologismo, el multiculturalismo), sigue siendo esencialmente la categoría política más relevante.

    No es en la existencia de riquezas, sino en su creación e intercambio donde tiene lugar realmente la relación entre capital y trabajo con la que se enfrenta el ideario socialista. No olvidemos que el sistema capitalista se basa en la existencia de seres humanos que trabajan para otros seres humanos y a los que se les sustrae, como beneficio, una parte relevante del fruto de su trabajo.
    Además de que el intercambio social dejaría de estar basado de simples productos para pasar a ser un compartir actividades. En otras palabras, la articulación social dejaría de estar mediada por la búsqueda de un salario para comprar mercancías, a estar articulada por las necesidades sociales e individuales definidas por la comunidad en un diálogo libre y abierto.5 Aún más, y en el convencimiento central de que el socialismo en un solo país es imposible, la idea de socialismo que puede extenderse por todo el continente tiene, necesariamente, que pensarse en aquellos sectores económicos donde el final de la explotación tenga sentido y pueda plantearse como una alternativa política. Para que ese mensaje sea continental, por tanto, es necesario dirigirlo a (1) el uso compartido de los recursos, yendo más allá de las limitaciones de los Estados nacionales; (2) la superación del modelo de sujeción del trabajo bajo la dominación de los dueños de medios de producción (3) a estructuras económicas que se comparten y complementen (por tanto, que no dependen de las riquezas naturales).

    Como quiera que el uso compartido de los recursos sea un proyecto a medio plazo6, el socialismo tiene una cita más urgente en los otros dos períodos, que concentran de manera más directa las preguntas y las respuestas en los ámbitos de la producción y el intercambio. En otros términos, al tiempo que los recursos energéticos e hidrológicos buscan la integración territorial, el socialismo debe interrogarse acerca del mundo del trabajo capitalista y su superación.

    Esto no nos lleva a pensar que para entender el socialismo basten las categorías de los siglos pasados, o que ignoremos que existe dominación en otros espacios más allá de los de la fábrica. Como bien explicó Marx, el capitalismo controla todos los aspectos vitales de la reproducción social, todos aquellos espacios en donde se recrea el sistema (o puede ponerse en peligro). Ahora bien, su dominación no se limita a la esfera de lo económico.

    En el feudalismo la dominación era principalmente política, es decir, la extracción de parte de la producción del trabajador se hacía por medio de un contrato de feudovasallaje donde, a cambio del producto, el señor otorgaba protección. Por su parte, en el capitalismo industrial la dominación se hizo económica, oculta tras el intercambio del trabajo por un salario. Tras la supuesta libertad del trabajador, se escondía una sujeción y una extracción económica oculta por el «libre acuerdo» entre quien buscaba trabajo y quien lo ofrecía. En el llamado capitalismo de consumo, matizado posteriormente como capitalismo de ficción (Verdú) o producción inmaterial (Negri y Hardt) ahora la dominación regresa biopolítica, es decir, se interioriza la explotación al hacerse parte de la vida cotidiana.7 Todo lo que acompaña a la mercantilización de la existencia forma parte del espejismo de la misma, construyendo nuevos valores que priman el individualismo y el egoísmo. Al comercializarse el mundo, todo se torna y es aceptado como mercancía, sea el ocio, el trabajo, la vivienda, la amistad, el sexo, la educación o la salud. Cuando un niño de la calle, cuya esperanza de vida no llega a la adolescencia, asalta a otro niño para quitarle unos zapatos deportivos «de marca», esa ficción toma cuerpo dramático8.

    Quizás el aspecto más terrible del capitalismo actual es que se ha metido en los tuétanos de la sociedad. El capitalismo transcurre con la vida, transforma a las víctimas en sus propios verdugos en nombre de un consumismo irrefrenable. La mejor tarjeta de presentación del capitalismo es esa que dice que los que viven bien seguirán haciéndolo y que los que viven mal podrán vivir como los que viven mejor que ellos. Todo ello sin coste social, medioambiental, internacional o intergeneracional. Esto es una gran ficción sobre una promesa que no se puede cumplir físicamente. Su discurso mediático e intelectual ha logrado hacer creer la gran mentira de que hay sitio para todos en el banquete que el capitalismo, en realidad, ha reservado a unos pocos privilegiados. De ahí la urgencia por levantar las faldas al santo que nos coarta para ver si hay debajo de su amenaza algo más que yeso, tablas, clavos y polvo. El socialismo tiene que ser, necesariamente, el aguafiestas de la orgía capitalista. Se trata de cambiar esa orgía con verdugos
    y víctimas por una fiesta donde quepan todos.

    Tras el llamamiento público que hiciera el presidente Hugo Chávez para promover la constitución de Empresas de Producción Social (EPS), se ha iniciado un intenso despliegue por constituir esta modalidad empresarial que concentra uno de los principales retos del nuevo modelo económico y social.
    Las EPS son empresas de nuevo tipo que sueñan teniendo los pies en la tierra. Nacen inspiradas en el fértil horizonte que se pone en perspectiva en la Venezuela revolucionaria (estar en revolución significa también poder experimentar en busca de nuevos lugares donde suceda la emancipación). Las EPS son empresas que nacen en los linderos del rumbo al socialismo del siglo XXI y tienen como objetivo correcto superar, paso a paso, el capitalismo.

    Los autores hemos acompañado y seguido de cerca experiencias que se han venido ensamblando al calor del trabajo iniciado por las primeras EPS del Ministerio de Industrias Básicas y Minería –MIBAM- (tanto las vinculadas a la naciente Compañía Nacional de Industrias Básicas –CONIBA, como las tuteladas por las empresas básicas adscritas a la Corporación Venezolana de Guayana –CVG-).9
    Otras experiencias de generación de EPS se exploraron bajo el cobijo de distintas Instituciones del Estado, como los Ministerios de Energía y Petróleo, de Economía Popular y de Industrias Ligeras y Comercio. En todas ellas se registraron rasgos y situaciones particulares que permiten a priori derivar un cuerpo inicial de conclusiones sobre los alcances, limitaciones e implicaciones de esta iniciativa:
    • No existe claridad meridiana en el concepto de EPS y todavía prevalece un importante estado de indefiniciones. Son diversas y variadas las interpretaciones dadas a su definición, tanto entre los promotores gubernamentales como en los propios integrantes de las primeras empresas.

    • El modelo EPS no es inflexible. Variará de acuerdo a las especificidades de cada caso, si bien siempre su condición esencial es la participación.

    • Al igual que lo acontecido con las misiones bolivarianas, la dinámica de las EPS necesariamente tendrá que ir acotando su campo de acción y sus ámbitos integrantes a medida que éstas vayan
    desplegando su faena productiva.

    • La iniciativa es recibida con gran entusiasmo entre quienes manifiestan disposición en conformar EPS. Sin embargo, la falta de una metodología clara que precise su proceso constitutivo y las formas de articulación con sus entes tutelares, son terreno prolífico para que aparezcan distorsiones. Una de ellas, repetida con frecuencia, consiste en emplear a las pequeñas EPS como instrumento para la flexibilización y precarización laboral a través de la externalización de la producción. Estas EPS -que no tienen posibilidades de encontrar otros proveedores o compradores-, deben someterse a las reglas del juego que le fija la empresa madre, repitiéndose errores que ya se cometieron en el capitalismo de Estado de corte soviético.

    • Como primera conclusión, puede afirmarse que si las EPS no se articulan como procesos deliberativos organizados por los trabajadores, en constante interacción con la comunidad organizada, nunca podrán generar los incentivos necesarios para poder ser una respuesta económica factible en la construcción del socialismo.

    A lo largo de este trabajo se revisarán los puntos de interés emanados del diagnóstico elaborado. Un claro enunciado orienta desde un principio estas reflexiones: es necesario afinar el concepto de EPS. Su definición debe tomar en cuenta todas sus implicaciones y derivaciones, al tiempo que se precisa producir una amplia difusión del modelo consensuado.
    Como hemos señalado, nuestro punto de partida fue la lectura de las diversas conceptualizaciones que se han ido produciendo sobre el tema. Ahora bien, a lo largo de estas notas veremos cómo el concepto EPS no puede ser visto como un artilugio acabado, sino como un sistema en movimiento. Como ocurre con la luz, no puede reducirse a una onda o a una partícula, pues es al mismo tiempo materia y movimiento, energía y masa. Es el ojo humano quien la detiene, a riesgo de, una vez definida, robarle complejidad y someterla a un modelo que sólo vale, como dijo Marx, para la roedora crítica de los ratones.

    El siglo XXI se ha iniciado con la complejidad. El «pienso luego existo» cartesiano (que reafirma la individualidad: yo pienso, yo existo) debe ponerse sobre los pies y trasformarse en «existo luego pienso» (que refuerza al animal social que somos: existo con los demás, pienso con los demás), de manera que sea el pensamiento el que esté al servicio de la vida.

    De acuerdo con la experiencia práctica desarrollada hasta ahora, es posible aproximar los rasgos distintivos que debe tener una EPS, su naturaleza social y económica, los tipos que pueden existir, las formas y modalidades que le dan origen, los tamaños que pueden poseer, su diferenciación con otras formas asociativas y productivas, el papel que juegan en la edificación
    del ALBA, su relación con el Estado y con las empresas capitalistas. Del mismo modo puede también determinarse los asuntos que quedan pendientes, entre otros temas de interés, de necesaria clarificación de cara a su comprensión y desarrollo integral.

    Este estudio pretende abrir el debate sobre cada uno de estos aspectos centrales de las EPS. Esperamos que despierte el interés deseado al tiempo que invocamos la vena crítica del lector en aras de contribuir a la superación de los esquemas capitalistas, las jerarquías autoritarias y toda forma de dominación que frene la autodeterminación popular y todas sus potencialidades. Los avestruces aprendieron de los humanos a esconder la cabeza debajo del ala, esperando, vanamente, que los problemas se solventes por sí mismos. Anticipar problemas y proponer soluciones es la manera revolucionaria de ser de quienes trabajan en los recintos de la reflexión por una sociedad emancipada. Pero primero hay que construir todo aquello que impide el pensamiento claro. No es tiempo sólo de «solucionar problemas» sino también de «problematizar soluciones». He aquí, pues, nuestra humilde propuesta.

    Haiman El Troudi
    Juan Carlos Monedero

    Centro Internacional Miranda
    Citas:
    1 Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina, México, Siglo XXI, 1971.
    2 Joseph E. Stiglitz: El malestar en la globalización, Madrid, Taurus, 2002; Joseph E. Stiglitz, Los felices 90, Madrid, Taurus, 2003.
    3 Jesús Ibañez, «Introducción», en J. Ibañez (Coord.), Nuevos avances en la investigación social 1, Madrid, Proyecto A ediciones, 1988, p.12.
    4 Boaventura de Sousa Santos, «Hacia una sociología de las ausencias y una sociología de las emergencias», en Boaventura de Sousa Santos, El milenio huérfano. Ensayos para una nueva cultura política, Madrid, Trotta, 2005.
    5 Se recupera aquí el principio genuino del intercambio comunal que apuntó Marx en los Grundrisse de 1857 (Líneas fundamentales), donde se establece que, frente al intercambio de valores de cambio, es requisito articular el intercambio de actividades marcadas por las necesidades comunales.Véase Itsván Mészáros, Más allá del capital, Caracas, Vadell Hermanos Editores, 2001, p. 872 y ss.
    6 La propuesta del ALBA traza esta perspectiva estratégica para el caso latinoamericano.
    7 Valga como ejemplo dramático la obligación que tienen los trabajadores de cadenas de comida rápida (fast food), tales como McDonald, de sonreír a los clientes, tal y como consta en las reglas laborales que entregan a los empleados. Al final, hasta la propia alegría se convierte en un recurso del capital.
    8 Jesús Ibáñez, Por una sociología de la vida cotidiana, Madrid, Siglo XXI, 1993; Vicente Verdú, El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción, Barcelona, Anagrama, 2003. Sobre la base de un concepto de Foucault, Toni Negri y Michael Hardt han regresado a esta idea de biopolítica y biopoder en Multitud, Madrid, Debate, 2005
    9 Para la realización de este trabajo se revisó, inicialmente, la bibliografía disponible sobre EPS, al tiempo que se hacía un censo de las experiencias impulsadas desde diferentes ministerios. Posteriormente se realizó un seminario con los directivos de la Coordinadora Nacional de Industrias Básicas (CONIBA), que sirvió para contrastar puntos de vista y evaluar resultados. Igualmente se realizaron reuniones con voceros y trabajadores de EPS ya constituidas, donde se diseñó un cuestionario que sirvió para valorar su desempeño y el de la administración en relación con las mismas. Posteriormente, se realizó un seminario con otros actores donde se discutió este texto a lo largo de varias sesiones. Por último, se hizo el ejercicio intelectual de poner en relación las EPS con otras propuestas socialistas teóricas y prácticas, aplicando una evaluación muy sujeta al hecho concreto de que las EPS están siendo ya una realidad material en Venezuela.

 

1 comentarios:

  1. PERFECTOS IDIOTAS OPOSITORES DE PARAGUAY
    toman por izquierdista a candidato del Vaticano financiado por la CIA
    (Luis Agüero Wagner- http://elimperioterrorista.blogspot.com)

    Una prensa maccartista que los paraguayos heredamos de Stroessner pretendió hacernos creer que el obispo “de los pobres” Fernando Lugo era un candidato de la izquierda, como si la Iglesia Católica fuera referente de institución progresista. A ellos les planteamos estas interrogantes:

    ¿Es izquierdista Ricardo Canese (dirigente luguista) cuando defiende la política de biocombustibles de George W. Bush?
    ¿Alguno de los dirigentes luguistas protestó alguna vez por las injerencias de James Cason?
    ¿Recibe dólares de USAID la ONG “Gestión local” de Guillermina Kanonikoff y Raúl Monte Domecq?
    ¿Estuvo Camilo Soares en noviembre del año 2000 en un congreso financiado por la NED?
    ¿Fue o no publicitado Lugo por el diario ABC color, propiedad de Aldo Zucolillo, favorecido del agente de la CIA Leonard Sussman cuando era perentorio fabricar bien remunerados disidentes a la dictadura?
    ¿Firmó Julio Benegas, empleado de Zucolillo, un contrato con Bryan Finnegan ( de la AFL-CIO) el 21 de Setiembre de 2005?
    ¿Recibió la casa de la Juventud –cuna del PMAS- 127.000 dólares de IAF en el año 2004?
    ¿Puede ser de izquierda gente financiada por la NED, institución creada como alternativa a la CIA por el imperio?

    EL PERFECTO IDIOTA OPOSITOR
    (http://www.inventario22.com.ar/textocomp.asp?id=19595)

    La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás. (Voltaire)

    El celebrado escritor peruano (ex izquierdista-castrista, es decir, ex idiota según la conocida interpretación), Mario Vargas Llosa, recordaba divertido sobre su obra “Pantaleón y las visitadoras”- una deliciosa sátira sobre la vida sexual en el ejército peruano- que un militar de la amazonia peruana declaró en una oportunidad que el libro en cuestión no mencionaba ni la milésima parte de lo que realmente sucedía en dichos cuarteles.
    Algo similar podríamos decir sobre las idioteces que describen su hijo Alvaro junto a Plinio Apuleyo y Carlos Alberto Montaner en su libro humorístico “El Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano” y en su segunda parte “El regreso del idiota”, donde se omiten sinnúmero de categorías con las que la oposición paraguaya enriquece la biodiversidad de la idiotez en el subcontinente.
    Tanto es así que personalmente, no sé qué sería del oficialismo nativo sin esta oposición, que brilla por su capacidad para defender los valores y el modo de vida de los colorados, mejor de lo que ellos se defienden a sí mismos. Parecerían encontrar verdadero deleite masoquista en la auto anulación y auto flagelación, alcanzando grados de perversión inimaginables para el mismo Sacher von Masoch.
    No sería necesario siquiera mencionar a nuestros conocidos héroes que lucharon contra la dictadura en los últimos meses de ésta luego de tres décadas de servil abyección a “mi general”, a quienes descubrieron la dictadura cuando se quedaron sin zoquete como el autoproclamado comandante en jefe, a quienes los siguieron como si fueran mesías sin saber sus verdaderas motivaciones, que tenían mucho más relación con los dólares de la embajada que con las “convicciones democráticas”, o a quienes regresan a la oposición con ínfulas de salvadores de la patria luego de haber integrado la multi bancada junto a Chiola, Fanego y Rachid Lichi. Basta concentrarnos en las cantinflescas humoradas con que en el presente nos deleitan algunos candidatos opositores, que están proliferando como hongos después de haber proclamado a los cuatro vientos y en todos los dialectos posibles la necesidad de “llegar unidos al 2008”.
    Fernando “Cantinflas” Lugo, el candidato que ahora se autoproclama “izquierdista” a pesar de ser conocido que es apoyado por neoliberales, beneficiarios del complejo IAF-NED-USAID, su entramado prebendario en la sociedad paraguaya y sus medios de comunicación, declaró en numerosas ocasiones –en aquellos felices días en que Lino Oviedo estaba encerrado en una celda, y podía aprovecharse de la desesperación de sus seguidores- que el ex preso de Viñas Cué saldría a “enriquecer” la escena política, y que no tenía inconvenientes en competir con él por la chapa de la extinta “Concertación”.
    En uno de los actos luguistas en que asistí, ( antes de huir despavorido ante la presencia de los escombros que hoy lo han cercado), recuerdo haber escuchado de su boca que Oviedo tenía derecho, como cualquier otro ciudadano, a que se respeten con él las normas procesales y lo que establece la justicia. Todo lo que dirigían a Oviedo en ese tiempo nuestros héroes de la “Concertación” eran guiños cómplices, halagos admirativos, pequeños reclamos en sus recios pechos, arrumacos de falsos desplantes y sonrisas serviciales. Incluso vimos todos cómo el obispo renegado mendigó una audiencia al detenido en Viñas cué, haciendo un plantón ante las cámaras que quedó registrado para la historia por toda la prensa escrita, oral y televisiva del país.
    Bien podría escribir nuestro único líder de sotana un libro titulado “Manual del perfecto astuto y sagaz latinoamericano” con estas ricas experiencias.
    Otra desopilante idiotez provino de los sectores que “amenazan” al oficialismo con retirarse del proceso electoral si se impugna a tal o cual candidato, intimación tan poco creíble que sólo ha sido capaz de despertar el jolgorio y la hilaridad en las carpas oficialistas.
    Según el filósofo Fernando Savater, la palabra Idiota proviene del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás. Desafortunadamente para nuestro trágico país, la acepción griega se ha revertido tanto en nuestro medio al punto que los perfectos idiotas no sólo se han metido en la política, sino que hoy se han apoderado de ella y en grado superlativo de la oposición.
    Y aunque estos idiotas puedan pensar que quienes escriben sienten odio por ellos, en realidad deseamos en silencio que no se extingan del todo para seguir encontrando temas y el placer de escribir contra ellos. LUIS AGÜERO WAGNER.

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