Denuncian cartel del aluminio en la CVG

Las irregularidades en el negocio del aluminio dentro de la Corporación Venezolana de Guayana no son cosa de dos días. El 19 de marzo de 2007, el entonces presidente de Alcasa, Carlos Lanz, solicitó a la Disip la conformación de un equipo especializado para hacerle seguimiento a los supuestos actores involucrados, así como a sus relaciones financieras, comerciales y políticas.

La comunicación firmada por Carlos Lanz, dirigida al general Henry Rangel Silva -copiada a la Presidencia de la República, a la Vicepresidencia y a los Ministerios de Defensa, Industrias Básicas e Interior y Justicia- da cuenta de la consolidación de grupos económicos que "han usufructuado el erario público, colocando en entredicho la soberanía productiva y tecnológica".

Denunció la conformación de un "cartel del aluminio" encabezado, según señala, por las empresas Glencore, Gerald Metals y JB Commodities.

Ante este hecho, que además habría provocado amenazas contra su integridad, Lanz insistió a la Disip en la necesidad de conducir la investigación, "sobre todo cuando estos actores cuentan con el apoyo de agencias internacionales en el terreno de inteligencia y seguridad..., vinculados íntimamente al lobby judío que está en los carteles del aluminio y del diamante".

De acuerdo a un trabajo que desarrolló Lanz (anexado a la solicitud que envió a la Disip), las citadas empresas se distribuyen buena parte de la producción de Venalum y Alcasa.

Narra que "según la competencia, Glencore y sus empresas asociadas juegan duro y sucio. Se mueven con agilidad y eficiencia en el terreno de la corrupción de funcionarios y el lobby político". Citó que uno de los operadores "se ufana de hablar a nombre de los hermanos del Presidente de la República y de poseer influencias en la Vicepresidencia. Con frecuencia los funcionarios que se resisten a los negocios turbios, reciben llamadas telefónicas inmediatas de altos funcionarios".

Lanz describe que uno de los modos usados por Glencore para reclutar a sus operadores en la CVG, consiste en patrocinar viajes. En febrero de 2007 se realizó en Florida el Seminario TMS, donde habrían asistido con gastos pagados por el cartel 4 personas de Alcasa.


INFORME EN MIRAFLORES
En junio de 2005 el Presidente de la República recibió la primera parte del "Informe confidencial sobre los carteles de las Industrias Básicas de Guayana". El documento, fechado en Ciudad Guayana y firmado por Carlos Lanz, lo ponía al tanto de la existencia de organizaciones que operan como carteles: "grupos que monopolizan las actividades económicas; roscas familiares vinculadas a ilícitos o prácticas criminales: contrabando, especulación, sicariato, lavado de dinero o narcotráfico; mafias que ejercen control de los principales medios de comunicación, con operadores en la gerencia de la CVG y empresas tuteladas y que influencian a algunos dirigentes sindicales y diputados".

El documento hace una definición de los carteles, agrupándolos por áreas de actividad. Nombra instituciones en el sector bancario, una compañía en el sector de seguros, y personas en el sector de servicios varios.

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La guerra económica

Por la economía están llegando de afuera, con apoyo interno, nuevos ataques contra Venezuela. A los problemas de desabastecimiento, que tienen su ingrediente político, y los rumores que empiezan a circular, se suman estas informaciones equívocas de algunas agencias sobre las demandas de la Exxon-Mobil a Pdvsa.

La Reuters elevó a 36 mil millones de dólares los activos de Pdvsa congelados "en todo el mundo", y su "análisis" del viernes insiste en la congelación de activos "por miles de millones de dólares", pese al desmentido del ministro Rafael Ramirez, y opina que el fallo "complica la cruzada socialista del presidente Hugo Chávez, que ya enfrenta crecientes obstáculos en su país" ("crecientes problemas económicos y el descontento entre sus simpatizantes").

Hoy debemos conocer mejor la experiencia del derrocamiento de Allende. La CIA, según los documentos desclasificados por órdenes del presidente Clinton, planificó y desarrolló –paralela a la conspiración militar una guerra económica, que buscaba la desestabilización.

Esa política desestabilizadora se aprobó en una reunión del presidente Nixon, Henry Kissinger, el jefe de la CIA Richard Helms y el fiscal Michel, el 15 de septiembre de 1970, sólo 11 días después de la elección de Allende. Entre los acuerdos estaba uno que no pudo ser más elocuente: "Hacer aullar de dolor la economía chilena". Y lo lograron, y cuando hubo la conjunción con la conspiración militar, ambas acciones, más la situación de división en la izquierda, también estimulada por ellos, todo según los documentos desclasificados, dieron el golpe.

El informe de Inteligencia hace poco hecho público, que dedica cuatro páginas a Venezuela, más que al resto de los países suramericanos juntos, es otro factor a ser valorado. La importancia que la Casa Blanca le da a Venezuela, públicamente expresada en las frecuentes declaraciones de sus más variados voceros, tuvo antes una significativa y trascendente decisión de Washington: la CIA agregó a sus cinco departamentos establecidos (antiterrorismo, contra tráfico de armas, antinarcóticos, Corea del Norte e Irán) para cada uno de los problemas de seguridad más importantes del gobierno de EEUU, un sexto departamento: Venezuela y Cuba.

A Cuba la están trajinando desde 1960, la novedad es la incorporación de nuestro país. Desde entonces, la CIA tiene el personal y los recursos necesarios, exclusivamente destinados a combatir al gobierno de Chávez por todos los medios, en una lucha contra reloj, y creo que el de la economía seguramente lo habrán visto este año como el área más vulnerable.

Y por ahí parecen venir los tiros. Eleazar Díaz Rangel


Anexo: El derrocamiento de Allende. La investigación periodística así como la desclasificación en Estados Unidos de documentos que registran órdenes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y conversaciones del Secretario de Estado norteamericano para aquel momento, Henry Kissinger, dan imágenes de precisión de lo ocurrido.

En 1972 el columnista Jack Anderson sacó a la luz la participación de la International Telephone and Telegraph Co. en la conspiración que preparó el golpe. La ITT, compañía telefónica que tenía fuertes inversiones en Chile, incluía ofertas de un millón de dólares para los esfuerzos de la CIA tendientes a impedir que Allende ascendiera al mando.

En 1975, el informe del senado de Estados Unidos "Acción Clandestina en Chile 1963-1973" reveló la amplia intervención de este gobierno en la política chilena durante la década anterior al golpe militar del 11 de septiembre de 1973.

Fueron famosas las palabras de Henry Kissinger: "No veo por qué tenemos que quedarnos como espectadores y mirar cómo un país se vuelve comunista por la irresponsabilidad de su propio pueblo".

Se señala que el Presidente norteamericano para esos años, Richard Nixon, reunido con Henry Kissinger, entre otros funcionarios, expresó: "hay que desestabilizar la economía del país".

Según la periodista Susana Rojas del medio digital chileno El Periodista, la desestabilización emprendida por la CIA abarcó diversos frentes que iban desde saturar los medios de comunicación con información alarmante, provocando pánico en la población, hasta el financiamiento total de prolongadas paralizaciones para acrecentar el clima de conmoción.

Afirma la periodista que para 1972 el clima que reinaba en el país estaba llegando a su punto más álgido. El odio gestado día a día se transformaba en huelgas, sabotaje y en un sin fin de acuerdos entre los golpistas extranjeros y nacionales.

Según Rojas, los rumores que circulaban incitaban a la gente a retirar sus ahorros de los bancos, y a desaparecer del mercado cuanto artículo existiera. En este escenario resultaba difícil imaginar que algo peor estaba por suceder.

El día 9 de octubre de 1972, Chile fue sorprendido por una huelga de transportistas.

La Confederación Nacional del Transporte presidida, según Rojas, por uno de los dirigentes del grupo paramilitar de ultraderecha "Patria y Libertad", León Vilarín, y que reunía a 165 sindicatos de camioneros, con 40 mil miembros y 56 mil vehículos, decretó paro indefinido de actividades en todo el país.

La huelga, financiada desde EEUU e inserta dentro del denominado "Plan Septiembre", buscaba, según los documentos desclasificados de la CIA, "poner en práctica una técnica que, bajo un contenido de masas, se basa en el 'gremialismo' de los patrones y en la 'resistencia civil' de la burguesía".

El descontrol invadía al país y el gremio de transportistas se hacía más fuerte. Se sumaron la Confederación del Comercio Detallista con un cierre casi total de sus locales, la Confederación de la Pequeña Industria y Artesanado, las Federaciones de estudiantes universitarios y secundarios, entre otros.

Acorralado por los gremios y con el país en crisis, Allende buscó una solución inédita en su mandato: juramentó un nuevo gabinete compuesto por tres miembros de las Fuerzas Armadas, entre ellos el comandante en jefe del Ejército, general Carlos Prats. Fue éste el primer acercamiento de los militares al poder.

Para 1973 el gobierno de Allende se encontraba desgastado, y difícilmente podría resistir otro paro como el de octubre del 72. Sin embargo, vino y fue el detonante final.

Esta paralización, que fue histórica, producto de su fuerza y cohesión, fue la antesala a la intervención de las fuerzas militares en Chile. Intervención que un 11 de septiembre de 1973 tomó la forma de un golpe militar coordinado, sangriento y brutal.

Salvador Allende se quedaría con algunos de sus ministros en el Palacio de la Moneda, sede del gobierno en Chile, y perdería la vida.

Al final, la labor de la CIA, el Departamento de Estado norteamericano y grandes cantidades de dólares demostraron que, actuando coordinadamente, se puede poner contra la pared a un gobierno incómodo. Claro está, siempre será importante cómo se comportan los que están dentro del país.

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Más de 200 millones de niños son trabajadores explotados

Millones de niños y niñas trabajan en minas, en fábricas podridas de dinero, hacinados, empantanados en basura o cargando piedras durante horas. Globalizados.

No juegan a otro juego que no sea el de escapar engañando a la muerte y al asco. Sin nintendos ni playstations, sin más juguetes que sus cuerpos rotos, cosiendo día y noche las zapatillas que yo me pongo y los balones con los que nunca jugarán al fútbol. Según la Organización Internacional del Trabajo, más de 200 millones de niños y niñas explotados. Niños que se hacen grandes sin llegar a serlo, niñas que son mujeres sin haber crecido, niños y niñas huérfanos de niñez, niños sin risas, niñas y niños de rostro herido y mirada rota, niños cansados como adultos, niñas y niños hartos de trabajar sin descanso. Carne de cañón. Globalizados. Niños de cinco años ya obreros, niñas de seis o siete sirvientas, de ocho, de nueve o de diez u once explotados. Niños de 12 años asesinados por decir que no son esclavos que son niños que quieren llegar a ser hombres y mujeres libres, como Iqbal Masih, asesinado. Niños y niñas que trabajan entre cianuro para que los ricos grandes tengan oro, mucho oro, mucho oro para los ricos grandes que cuidan con amor y miman entre algodón a sus niños, amorosos ricos grandes con los suyos y amos sin piedad de los otros niños. Niños contratados sin contrato, empleados de soldados, de carniceros precoces, de albañiles, prostituidos, de piel mojada y boca seca a todas horas, harapientos, con manos llenas de callos a los cinco años, de callos (supongo yo) globalizados; niñas y niños de alma prieta y sangre amorfa, sudorosos, medio muertos ¿qué será para ellos una escuela?, ¿podrán esos niños tener de noche sueños? me pregunto si podrán oír otra música que no sea la de sus toses. Millones de niños trabajadores muertos, o medio muertos a punto de caer exhaustos.

La globalización avanza, los beneficios baten todos los records. Los empresarios están contentos. Qué más les da entonces que haya millones de niños muertos por trabajar para ellos.
Ver todos en Roh1988


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¿Se puede contrarrestar el desplome de la economía?

La economía de Norteamérica se encamina hacia una grave ralentización. Que sobrevenga o una recesión –tres trimestres seguidos de crecimiento negativo—, es lo de menos. Más importante es el hecho de que la economía operará por debajo de su potencial, aumentando el desempleo. El país necesita un estímulo, pero cualquier cosa que hagamos aumentará nuestro déficit galopante, así que es importante conseguir el mayor efecto posible por dólar públicamente gastado. La dosis óptima pasaría por una medida de actuación rápida de consuno con otras que pudieran llevar a un incremento del gasto si –y sólo si— la economía entra en una recesión brusca.

Deberíamos empezar reforzando el sistema de seguros para desempleados, porque el dinero recibido por los desempleados se gastará inmediatamente.

El gobierno federal debería también proveer algún tipo de asistencia a los estados y municipios, los cuales están empezando ya a notar la necesidad de tener que ajustarse el cinturón, a medida que ha ido cayendo el valor de la propiedad. Como era de esperar, responden reduciendo el gasto público, lo que actúa como un factor desestabilizador. La asistencia federal debería llegar en forma de ayudas para la reconstrucción de las infraestucturas más importantes.

Un mayor apoyo federal a los presupuestos educativos estatales también fortalecería la economía a corto plazo, y promovería su crecimiento a largo plazo, como lo haría una inversión para la promoción de la conservación de energía y las emisiones más bajas. Desde luego, poner en marcha unos programas bien diseñados de gasto publico de este tipo llevaría algún tiempo, pero todo apunta a que esta recesión durará más que las otras que guardamos en nuestra memoria reciente. El precio de la vivienda tardará en volver a niveles normales, y si los norteamericanos empiezan por ahorrar más dinero de lo que han estado haciendo, el consumo permanecerá bajo por algún tiempo.

La administración Bush ha optado desde hace tiempo por el recorte de impuestos (especialmente por el recorte permanente de impuestos a los más ricos) como solución al problema. Lo cual es incorrecto. Los recortes de impuestos perpetúan el consumo excesivo que ha venido caracterizando a la economía norteamericana. Pero los norteamericanos de rentas medias y bajas lo han sufrido en estos últimos siete años: la renta familiar media es hoy más baja de lo que lo era en 2000. Una devolución de impuestos que apunte a los hogares con rentas medias y bajas tendría sentido, especialmente porque repercutiría rápidamente en la economía.

Debería hacerse algo con los desahucios, una legislación diseñada apropiadamente y que permitiera las víctimas de los préstamos rapaces permanecer en sus casas estimularía la economía. Pero no deberíamos gastar mucho dinero en esto. De lo contrario, no haríamos sino echar una mano a los inversores sacándoles de sus apuros, y no son ellos los únicos que necesitan la ayuda de los contribuyentes.

En 2001, la administración Bush utilizó la recesión inminente como excusa para el recorte de impuestos para los norteamericanos con rentas más elevadas (que era exactamente el mismo grupo que más se había beneficiado económicamente en el cuarto de siglo precedente). Los recortes pretendían estimular la economía, y sólo lo hicieron hasta cierto punto. Para mantener la economía en funcionamiento, la Reserva Federal se vio forzada a bajar los tipos de interés a un nivel sin precedentes, para después mirar hacia otro lado mientras Norteamérica se despeñaba por los derrocaderos del préstamo irresponsable.

Ha llegado la hora de saldar cuentas. Y de lo que ahora se precisa es de un estímulo que realmente estimule. La pregunta es: ¿dejará el presidente del Congreso la política a un lado para ponerse a trabajar en ello?

Joseph Stiglitz es profesor de economía en Columbia y ganador del premio Nóbel de Economía.

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